miércoles, 2 de diciembre de 2020

MEMORIAS DE UN MÉDICO RURAL VIII (escritas por Antonio Blanco)

 

CAPITULO 7. LOS TRES CURAS Y EXCURSIONES CON PENSIONISTAS.

Los curas

Siempre mantuve buena relación con el clero. Conocí a tres de ellos, de este a oeste fueron:


D. Lute.

 Ejercía en Navalosa desde su juventud. Se implicó en la reforma total de la iglesia y en la construcción del puente. En más de una ocasión ejerció de médico, curaba a los jóvenes y en ocasiones los transportaba en su propio vehículo al hospital. En definitiva, una bella persona, con una labor pastoral impecable, aunque tuviera detractores por el arreglo de la talla de S. Felipe.

Celestino también vivía en Navalosa.  Promotor y defensor de los ancestrales cucurrumachos de Navalosa. Siempre le recordaré con sombrero blanco, impermeable negro y tocando el acordeón para invitar a sus paisanos a pasarlo bien, desde el balcón del ayuntamiento. Aún conservo varios poemas, que el propio Celestino me regaló.  

Me sorprendió la noticia del Diario de Ávila:  D. Lute, agredido por Celestino, en la calle, a plena luz del día.



Aunque Iglesia y carnaval nunca han casado bien, tampoco ese era el motivo y todo el mundo se quedó perplejo.  

Entre bromas le insinué a D. Lute que, quizás en el cruce, hubiera mirado mal a Celestino. Con su sorna me respondió: “Antonio, como iba a mirarlo mal si este ojo lo tengo de cristal”. Siempre se quejaba de que, en los duros inviernos, se tenía que colocar el ojo casi congelado cuando lo sacaba del vaso.

Durante varios días el bueno de D. Lute lo pasó mal por el acoso de los medios informativos, llegando a ser por unos días tan famoso como su homónimo y paisano mío.   


D. Lute  y la prensa

En 1969 el joven D. Lute intervino en TVE. Era un programa del afamado Tico Medina sobre los “perreros”, de la sierra. Llamados así porque eran niños de la inclusa, acogidos por familias a las que el gobierno daba las “perras”, para su mantenimiento.

En otra ocasión, durante una fría tarde de invierno en 1984, mientras estaba en el chalet de Pepe “canario”, se presentó un periodista madrileño. Preguntaba por D. Lute, quien había obtenido unas fotos que pocos llegamos a ver. En ellas se veía un feto muerto en un corral, con pelo de oveja, cara de niño y pezuñas.  D. Lute satisfizo mi curiosidad y yo al menos las llegue a ver. Nunca se volvió a saber más del asunto.

Falleció en junio de 2013.


D. Victorio.

Cura de Hoyocasero, era el mayor de los tres y por tanto un cura de los de antes. Siempre con sotana.   Se actualizaba de forma constante mediante literatura religiosa durante los paseos y si los catarros se lo permitían, transmitía a los feligreses, en la homilía del domingo, los conocimientos adquiridos  

Además de la fe ciega que tenía en el jarabe Elixifilin, que lo bebía como el que bebe agua, reivindicaba los inyectables desde el primer día. Recuerdo que me decía: “D. Antonio, sabe Vd. que a mi hasta que no me pinchan no se me pasa el catarro”.

 Lo que no llegué a entender cómo se podía coger esos catarrazos, porque debajo de la sotana llevaba una chaqueta de lana gruesa, camisa blanca, y camiseta de felpa. Digamos que el único cambio en su indumentaria era que, en invierno y otoño, llevaba boina y en primavera y verano no.   Un poco bastante sordo, utilizaba prótesis auditiva y me confesó que cuando no le interesaba el tema a tratar, retiraba la prótesis y asunto zanjado.

Era uno más de la partida de cartas que Pablo organizaba a la puerta de su casa junto con D. Marti y tío Goyo.


Más de una vez, le vi echando cuentas y asesorando a Carlos en la Caja Rural sobre asuntos financieros.  Aunque en alguna ocasión el pueblo se le sublevara por motivos económicos, a mí siempre me pareció una excelente persona y muchos consiguieron su vivienda gracias a prestamos ventajosos negociados por él. No me cabe duda que por sus conocimientos financieros si se lo hubiera propuesto, hubiera llegado a lo más alto de la Banca Vaticana.

D. Pablo.

Era el más joven de los tres. Destinado en S. Martín del Pimpollar.  Polifacético, lo mismo capitaneaba el equipo de futbol de los jóvenes de S. Martín, que se bañaba en las frías aguas del Alberche durante los inviernos. Daba clases a los jóvenes del pueblo de yoga y sevillanas.

Pablo era el mejor ejemplo de la generosidad y solidaridad del buen cristiano.

 Le conocí cuando una tarde visité a mi compañera Rocío y me encontré a un joven que pintaba su casa. Era Pablo que de forma voluntaria había cambiado su habito de cura por el de pintor.

Me pregunto hasta donde hubiera llegado Pablo si hubiera dispuesto de los medios de comunicación de hoy en día.

Ironías del destino, la mordedura de un perro en una pierna, puso de manifiesto un sarcoma de partes blandas, tumor rarísimo en jóvenes, y, como consecuencia del mismo, falleció el día 8 de octubre de 1984.  Jóvenes y mayores de S. Martín y otros pueblos lloraron su muerte, en un entierro multitudinario.

 


 Excursiones de pensionistas. Hogar de pensionista

Sin duda este es uno de los episodios que más ilusión me hace recordar, de todo lo vivido entre vosotros.

La agricultura y más las exigencias de la atención al ganado, habían atado de por vida a la gente mayor y a algunos jóvenes a entornos como la Lastra, el Puente de las Gallinas, el Praillo, los Mijares, la Cepea, los Linarejos, el Tejar, pero en el que todos coincidían una vez al año era en el paraje de Los Santos, donde se encuentra la ermita, para honrar al Cristo de los Santos

Pensé que quizás se atrevieran a conocer otros horizontes más allá de La Puente y montándolos en un autobús, al menos ese día se les olvidaría la artrosis, el asma y otros achaques.

En ninguna de las tres excursiones tuvimos el más mínimo contratiempo y las bolsas preparadas para el vómito volvieron vacías.

Ninguno se rindió a los rigores de las altas temperaturas y si hubiéramos programado otra, seguro que hubiéramos vuelto a llenar.

Esos días suspendía la consulta, sin solicitar ningún tipo de permiso a nadie para ausentarme, dejaba a Juan Carlos encargado de las urgencias y …a viajar.

Primera excursión.  Alba de Tormes. Salamanca

 El día 9 de julio de 1986 en compañía de los 56 primeros intrépidos voluntarios, madrugamos para conocer Salamanca. Desde mi asiento delantero oía las anécdotas que les habían ocurrido en su mocedad en los distintos lugares por los que pasábamos: Cueva del Maragato, fuente del puerto de Menga, etc.

Al pasar por la Hija de Dios, Pedro, presumía de población que le vio nacer, aunque que había sido guarda forestal de Hoyocasero durante muchos años, hasta su jubilación. Pasamos Villatoro  y, enfilamos hasta Piedrahita, donde todavía alguno había ido al notario. Pero fue pasar a la provincia de Salamanca y era, para la gran mayoría, tierra por descubrir. ¡Con lo cerca que estaba!

 La semana anterior a la excursión visité a Jose Yañez, alcalde de Alba de Tormes para que    nuestros mayores se sintieran importantes en su pueblo, y así fue.

Al alcalde se unió la Junta Directiva del Hogar de Pensionistas de Alba, para recibirnos y agasajarnos con un refrigerio, las típicas almendras garrapiñadas y dulces de Alba. Tras unas jotas, nos acompañaron a ver el brazo de la Santa. En respuesta a tal gratitud, les invitamos a visitar nuestro pueblo. Recuerdo a Carmen y Fidel que me decían: D. Antonio y si nos devuelven la visita ¿Dónde los metemos?


La gran pérdida de Mariano “cacharrero”

Emprendimos camino a Salamanca. Mis padres estaban deseosos de actuar como cicerones de nuestros mayores. El calor apretaba a mediodía, y después de explicarles las características de nuestra famosa Plaza Mayor, todos buscamos la sombra, calle S. Pablo abajo, hacia S. Esteban. Cuando me disponía a explicarles la famosa fachada del convento, alguien dijo: ¡Mariano “cacharrero” no está! .

¡mecaguen la mar serena!  Sabía de los problemas prostáticos de Mariano, pero búscate a un señor bajito, que andaba despacio, vestido de negro y boina. Volví sobre mis pasos de nuevo a la Plaza Mayor.

Parecía que se lo había tragado la tierra.

 Por más que pregunté a la gente, nadie me daba razón de él. Os recuerdo que por entonces no existían los teléfonos móviles.  

Después de un buen rato preguntando por él a camareros y estudiantes, le encontré sentado en las escaleras del Corrillo. Me dijo que había tenido que ir al servicio en un bar y que él suponía que debíamos de pasar por allí para unirse de nuevo al grupo. A partir de aquí, se convirtió en mi turista escoba. Me daba más miedo que un nublado perderle de vista.

Nemesio nos recomendó un restaurante al que él iba a comer todos los días, se llamaba Lord, en el barrio Garrido. Era frecuentado por los jugadores de la UDS. Recientemente he conocido que también los famosos Raúl y Cañizares del R. Madrid comieron en él.

No creo que, en su vida, Nemesio haya vuelto a comer en Salamanca rodeado de tantos paisanos.

Después de los correspondientes brindis y cánticos de sobremesa, volvimos al pueblo.

En el camino decidimos lo importante que sería registrar la Asociación de Pensionistas de Hoyocasero, para recibir ayudas económicas.

 A los pocos días me entrevisté con el presidente de la Asociación de Pensionistas Virgen de las Nieves de Navarredonda, me dejó los estatutos de la misma, hice copia y el día 10 de marzo de 1987, llevé hasta Ávila a Lorenzo Fernández (presidente), Obdulio (secretario) y Fidel (tesorero), registramos en el Gobierno Civil la Asociación Virgen de las Angustias.

La experiencia salmantina, se corrió por el pueblo, e hizo que la segunda excursión a la Granja y Segovia fuera más numerosa.

Segunda excursión. Segovia

El problema más importante era reservar para comer 90 personas, en local refrigerado y con un menú digno y accesible para todos.

 Todavía recuerdo a María, la de Primo, boquiabierta al ver los tapices del palacio de Riofrio, ¡Qué pena que no fueran de la medida de mi salón!, me decía. Y aunque la fuente del Chorrillo tuviera agua de manantial bien rica, hubiéramos admitido en el pueblo cualquiera de la Granja.

Tercera excursión. Toledo

A Toledo fuimos el 9 mayo de 1987. También sufriendo los rigores del calor.  Tras la visita a la Virgen de Prado en Talavera, nos presentamos en Toledo, subiendo y bajando calles, Visitamos todo lo visitable, Catedral, Sinagoga del Tránsito, Alcázar etc. A buena marcha a pesar del calor, sin rezagados ni perdidas. Repusimos fuerzas en la Venta del Aire, y entre chistes y canticos regresamos al pueblo. Sin duda Félix e Isidra demostraron que podrían haberse dedicado al buen cante.

 


Aquí tuve la ayuda de Carlos (Caja Rural) y Rufi   que iban al tanto en el segundo autocar. Siempre atando en corto a Mariano “cacharrero” que aguantó como un valiente. 

Nunca olvidaré a Pedro el conductor de las tres excursiones. Animador y excelente profesional.

Después de organizar la primera excursión, todos coincidían en que, si fuera posible, la empresa pusiera para ese servicio a Pedro. Y así fue.






Lorenzo Fernández, como presidente de la Asociación de Pensionistas Virgen de las Angustias me invitó en marzo de 1990 a la inauguración del Hogar del Pensionista en la plaza.

Si existiese la curva de la felicidad, sin duda este día estaría entre los más altos de la misma en mi vida. Aunque os confieso que se me escapó alguna lagrima, cuando al pasar por mi puerta ya no estaba vigilante mi perrita Seni.

Tras el discurso de Lorenzo, Mere como alcalde y otras autoridades locales y provinciales, vino la merienda. Servida por Primo y María como buenos expertos tras la barra.

A los postres, Paco (hijo de Lorenzo) y el nuevo Cabo de la Guardia Civil, pusieron la música y como siempre a bailar.  


Aún mantengo vivo el cariño de esos mayores, que se portaron conmigo como unos verdaderos Padres. A quienes les tocó vivir la dureza de otras épocas. Aceptando con entereza reveses en la vida, que les curtieron la piel. Trabajadores tenaces y voluntariosos por sacar adelante a los suyos.   Generosos, agradecidos y merecedores de ser el mejor espejo en el que mirarse la generación actual y las futuras.

Si alguien tiene alguna duda, que le pregunte a Obdulio.

  ¡VAYA GRUPO DE VALIENTES!




Tranquilos, solo queda un capítulo….

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