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El Grupo de Danzantes de Hoyocasero, en 1940, ganó el
certamen de danzas celebrado ese año en la conmemoración de las Fiestas de la
Santa.
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Martiniano de Tuñas ha revivido para todos nosotros como
fue su periplo para lograr alzarse con el premio.
Parece
increíble, pero el amor que todos los vecinos de Hoyocasero sentimos hacía
nuestro pueblo es inmenso, y la creación de este blog junto con la recuperación
de algo tan importante y tan nuestro como las Danzas, así nos lo demuestra día
a día.
Hoy queremos acercarles a todos
la historia que nos cuenta Martiniano de Tuñas Jiménez. Este Hoyocaserano de 88
años, en la actualidad reside en Barcelona junto a toda su familia, pero la
distancia no le ha impedido estar al día de lo que ocurre en nuestra localidad,
y sobre todo volver a revivir su mocedad, ya que él es uno de los integrantes
de aquel grupo de hombres, que danzó por última vez.


Recientemente, y con motivo de
la festividad de la Virgen de las Angustias, mi tío Marti, se puso en contacto
con nosotros para desearnos unas felices fiestas. Este año, no iba a ser
distinto, y nos llamó cuando nos estábamos preparando para rendir el homenaje celebrado
el 15 de septiembre, y claro, le dejamos casi con la palabra en la boca. Tras
ver a través de Internet las danzas, llamó emocionado a mi madre, quién le
comentó que este año íbamos a danzar a Ávila. Esta mención trajo a Martiniano
el recuerdo de cuando ellos también fueron allá, por el año 1940, y que a continuación
pasamos a relatar; no tiene desperdicio.

El día antes de celebrarse el
certamen, nuestros vecinos se prepararon durante la tarde. Los trajes, palos y
enseres de la música fueron cargados en la burra de Tío Manuel, padre de Tío
Marti, a quién le tocó acompañar a los danzantes, según nos relata nuestro
ilustre protagonista. Salieron de Hoyocasero a las 22.00 horas, y optaron por
ir por la carretera de la Venta del Obispo, ¡no era conveniente ir por el
Majano!

Y así durante toda la noche
estuvieron caminando. Los danzantes eran Julián y Marti, ambos hermanos,
Agripino (Pirindola) y Feliciano, Martín el de Tío Linos y Mariano el de Tía
Isidra, Máximo y Mariano (Perrete), acompañados por los músicos Tío Faustino y Tío
Roque, y por supuesto Tío Manuel con la burra y los bártulos, todos juntos, unas veces cantando, otras
hablando y otras en silencio fueron haciendo el camino que les llevaría hasta
Ávila. Así pasaron el Puerto de Menga, Menga pueblo, La Hija de Dios,
Robledillo y Solosancho, cuando estaban pasando Salobral, salió el sol y así
llegaron hasta la Posada de Hermógenes, la cual estaba situada bajo el Puente
del río Adaja antes de llegar a Ávila. Allí pudieron dejar la burra y ellos,
tras un merecido descanso, se cambiaron y se prepararon para danzar en la capital.


Si a nosotros, que danzamos en
Ávila bajo las inclemencias meteorológicas, nos pareció que hacíamos historia,
¿Cómo podemos llamar a lo que hicieron estos danzantes? Llegaron a la capital,
se pusieron sus mejores galas después de estar toda la noche caminando, por la
tarde bailaron en el Mercado Chico, punto donde tuvo lugar el certamen y que
por cierto GANARON, y tras descansar en la posada de Hermógenes, volvieron al
pueblo andando de nuevo, pero con la sensación y la satisfacción del trabajo bien hecho.